El grupo Marea, paseará su último trabajo \"En mi hambre mando yo\" por Mallorca. Lo harán el próximo 10 de Agosto, un concierto organizado por ES GREMI, que contará con el grupo local MEN con invitado de honor. Para tan importante evento ES GREMI se traslada por un dia al Parc de N\'Hereveta, Porreres, por un día.
\"Este el mejor disco de rock que se ha hecho en la historia de la humanidad\", escribe Kutxi Romero, vocalista de Marea, en su pagina web sobre En mi hambre mando yo. \"Humildemente, ojo\", apostilla por si acaso alguien se mosquea ante un farol de tan dinosáurica magnitud. Pero es que del toque final del álbum se han encargado Mike Fraiser, gurú de las mesas de mezclas que ha trabajado con AC/DC, Metallica, Aerosmith o Joe Satriani; y Adam Ayan de la masterización, quien ha hecho lo propio con Nirvana o Pearl Jam. Por eso lo primero que llama la atención de En mi hambre mando yo es que suena como los motores de un F-16 calentándose en el túnel de Guadarrama.
Como siempre ejerciendo de hijos bastardos (¡cómo que bastardos, legítimos ya a estas alturas de la película!) de Extremoduro y primos hermanos de Platero y Tú, los navarros presentan en esta ocasión diez canciones de rock, rock y más rock. Ah, también hay un poquito de rock, sí, es verdad. Sin concesiones a la galería, sincero, clásico y efectivo. Esto es rock y los demás son los otros. No hay descanso, no hay respiro, sólo vúmetros al rojo. ¿Una pega? Es este un disco demasiado lineal en el que entre diez canciones notables cuesta destacar una verdaderamente brillante.
Pero es que después de años de pateras, revolcones, besos de perro, puñaladas y piojos callejeros, los Marea regresan siendo ellos mismos, sin notorias evoluciones. Los fans más acérrimos pueden estar tranquilos. De hecho, quizás la mayor evolución es precisamente la que han experimentado como músicos, demostrando que saben exprimirse al máximo para sacar lo mejor de sí mismos a pesar de sus humanas limitaciones, en cualquier caso bien pulidas con el paso de los años.
Dos guitarras conjuntadas a la perfección, una marcando los riffs y la otra adornando -Angus y Malcolm Young pueden sentirse orgullos en muchos pasajes-; un bajo y una batería que guían con firmeza, que elevan la cada vez más cascada voz de Kutxi y le animan a surfear sobre las enardecidas multitudes, que sin duda levantarán sus brazos, ofreciéndose al ritual en las presentaciones en vivo. No en vano Marea anega multitudes en pabellones con dudosos sistemas de alcantarillado.
Rock de la vieja escuela, setentero, ochentero, peleón como el calimocho sin hielos, urbano de manual, de ese de estrofa, estribillo, estrofa, punteo, estribillo y feliz desenlace. Básico, rudo, un puñetazo en la nariz, que ahora te sangra. Pues ya está, Bienvenido al secadero. Otros golpes sobre la mesa reivindicando su posición en el rock patrio son La majada, Sobran bueyes o El día que lluevan pianos. Una única concesión al medio tiempo es Plomo en los bolsillos, y gracias, que hay que acabar tensando de nuevo la cuerda a tope con Pedimento.
Como parte central de todo este envoltorio, las letras de Kutxi, callejeras pero rurales, deslenguadas pero dulces, abrasivas pero románticas, punzantes pero suaves. No es sencillo cantar \"fóllame como si esta noche me fuera a comer las estrellas una a una\" y que la cosa funcione. Pero funciona. Desde el número 2 de la lista de ventas española (sólo superados por Amaral) en su primera semana, Marea contempla la vida pasar mientras paladea lo hecho, se marca jornadas de nueve horas firmando discos a sus seguidores y se prepara para arrojarse a las carreteras en noviembre con una gira que está vendiendo entradas a sacos. Como si fuera fácil...
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